1.Compra de títulos nobiliarios en España: noticias históricas

Comprar un título nobiliario ha sido una práctica que fue históricamente conocida en España durante el Antiguo Régimen. La compra de títulos fue acogida siempre con extrema excepcionalidad, en casos poco frecuentes. No obstante, la adquisición de títulos de nobleza contaba, en estos supuestos, con la pertinente autorización por parte del Rey. En algunos casos, el título mantenía su denominación y, en otros, tomaba una nueva, que reflejaba alguna circunstancia propia del nuevo poseedor.

Pueden ofrecerse ejemplos históricos que ilustren lo que se está comentando. Entre las ventas de títulos nobiliarios con cambio de denominación, cabe citar:

Marquesado de Melgar de Fernamental. Concedido por Carlos II a Dña. María Luisa de Toledo y Barreto en 1672, su venta fue autorizada por Felipe V a D. Juan Bautista de Echevarría y Arocha en 1727, que modificó su denominación por la de Marqués de Soto Hermoso.

Condado de Villalvilla. Carlos III permitió su venta en 1764 a favor de D. Antonio Aguado y Delgado. Otorgado por Felipe IV en 1650 a D. Juan Francisco Balli y Spínola, pasó a denominarse Conde de Montelirios.

Marquesado de Contreras. Este título, con el que Carlos III había agraciado en 1772 a D. José de Contreras y Ulloa, fue vendido en 1797, con autorización de Carlos IV, a D. Félix Pastor y Durán, siendo conocido en adelante como Marqués de San Joaquín y Pastor.

Por otro lado, también pueden señalarse ventas tras las cuales los títulos nobiliarios mantuvieron su denominación tradicional:

Marquesado de Bellestar. Otorgado por Carlos II el 20 de noviembre de 1690 a D. Félix Costa y Garcés, resultó vendido en 1758 a D. Francisco Álvarez de Castro, con autorización de Fernando VI.

Condado de la Puebla de los Valles. Fernando VII dio licencia en 1831 a la venta a favor de D. Ramón Calvo de Tejada y Valenzuela de este título, con el que Carlos II había distinguido el 30 de septiembre de 1691 a D. Melchor de Liñán y de Cisneros.

Marquesado de Villalba. Concedido por Carlos II el 15 de febrero de 1693 a D. Agustín de Villanueva y Díez de Villegas, su venta a D. Cecilio de Ayllón y Silva fue autorizada en 1839 por la Reina Regente Dña. María Cristina de Borbón.

Históricamente es posible encontrar ejemplos de un mismo título nobiliario que haya sido objeto de compra y venta en más de una ocasión. Tal vez el caso más conocido sea el del Condado de Chinchón.

El título nobiliario de Conde de Chinchón fue concedido el 9 de mayo de 1520 por Carlos I a D. Fernando de Cabrera y Bobadilla. Siguió transmitiéndose mortis causa por vía hereditaria hasta el año 1738, en que Felipe V autorizó a su poseedor, D. José Sforza Cesarini y Conti, Duque de Genzano y Conde de Santa Flora, a venderlo a su propio hijo, el Infante D. Felipe de Borbón.
El Infante D. Felipe, además de hijo de Felipe V, lo era también de la segunda esposa de éste, Isabel de Farnesio. Con motivo de la Guerra de Sucesión de Austria, en la que España tomó parte beligerante a partir de 1741, Felipe V envió sendos ejércitos expedicionarios a Italia para conquistar el Milanesado y los dominios de Parma, Piacenza y Guastella, que habían pertenecido a los Farnesio. Uno de ellos estaba bajo el mando del Duque de Montemar y el otro a las órdenes del Infante D. Felipe. Tras una exitosa campaña, jalonada por victorias como la de Camposanto (1743), en virtud de la Paz de Aquisgrán de 1748, Parma, Piacenza y Guastella quedaron bajo el dominio de Felipe, que se convirtió soberano de los mismos con el título de Duque, fundando la Casa de Borbón-Parma.

Felipe, convertido en Duque de Parma de 1748 a 1765, vendió a su vez el título nobiliario de Conde de Chinchón a su hermano, el Infante D. Luis Antonio de Borbón, en 1761 y con autorización de Carlos III.

¿Puede realmente comprarse un título nobiliario español hoy en día en España?

La cuestión que se plantea es la de si, en la actualidad, es posible comprar un título nobiliario. O, dicho de otro modo, si la vigente legislación nobiliaria española contempla y permite la compra de títulos nobiliarios.

La respuesta ha de ser necesariamente negativa. La actual legislación no reconoce en ningún caso la compra y la venta de títulos nobiliarios, motivo por el que ha de entenderse la radical exclusión de esta posibilidad, sin excepciones.

No obstante, nos estamos refiriendo a los títulos nobiliarios españoles. En otros países europeos diferentes de España, existen ordenamientos jurídicos que a veces permiten, bajo el cumplimiento de determinadas normas y únicamente en ciertos casos, es obtener pronunciamientos de los tribunales respecto de títulos nobiliarios o feudales.

Para ello, ya que se trata de títulos nobiliarios extranjeros, aconsejamos consultar nuestra sección de títulos nobiliarios extranjeros.

2. La Compra y venta de títulos nobiliarios en Inglaterra y Escocia:

En Inglaterra hay dos tipos de títulos nobiliarios. Unos son los llamados Peerages (Pairías), que vendrían a ser el equivalente español a los títulos del Reino y que no pueden ser objeto de compra y venta, pues está prohibida toda actividad transaccional al respecto, así como castigada por la ley. El Acta de prevención de abusos en materia de honores fue promulgada por el Parlamento Británico en 1925, con la finalidad de prohibir la hasta entonces habitual venta de títulos, realizada por todos los gobiernos de uno y otro signo para financiar a los partidos políticos. Legalmente, a día de hoy, es imposible poder obtener este tipo de títulos a través de actos de compraventa.

Título Nobiliario EscociaExiste, sin embargo, otra categoría diferente, que es la que constituyen los títulos feudales. Con rango de Señor (Lord) o Barón (Baron), son títulos de carácter feudal y hereditario, cuya naturaleza jurídica es muy peculiar, parecida a la propiedad inmobiliaria pero, al mismo tiempo, bajo la categoría legal de derechos incorpóreos hereditarios. En la legislación británica, tales derechos incorpóreos son susceptibles de compraventa, y por tanto, estos títulos nobiliarios y feudales sí pueden ser comprados y venidos sin ningún tipo de restricción. Además, el ámbito de aplicación del Acta de prevención de abusos de 1925 no incluye estos títulos feudales, por lo que no existe ninguna prohibición legal a su compraventa.

En el caso de los títulos feudales británicos el problema no está en si pueden o no ser comprados y vendidos legalmente ya que, en los términos a que se está aludiendo, la opción de su compra y venta encuentra fundamento y respaldo legal. La dificultad estriba en determinar si el título objeto de transacción es susceptible de ser comprado o vendido ya que el Reino Unido es, posiblemente, el país del mundo en el que existe el mayor tráfico de venta de títulos. Esto supone que, junto a las operaciones dentro de la legalidad, coexistan otras muchas que se encuentran al margen de toda disposición legal. Es más, prolifera un amplio número de títulos que no cumplen las condiciones para ser transmitidos legalmente o, directamente, no existen. A veces, el subterfugio empleado es comprar una ínfima fracción de tierra (a veces un metro cuadrado o, incluso, un decímetro cuadrado) para hacerlo pasar por una propiedad inmobiliaria ficticia o, simplemente, registrarlo como una marca o nombre comercial y crear así artificialmente el derecho incorpóreo que, como tal título, carece de existencia.

En definitiva, burdas maniobras para soslayar las prohibiciones legales que existen sobre transmisión de títulos nobiliarios y feudales. Lamentablemente, en infinidad de ocasiones estas y otras técnicas se han visto coronadas por el éxito de quienes las han practicado.

En la sección títulos extranjeros puede encontrar más información.

3.Comprar y Vender Títulos Nobiliarios en Alemania: Adopciones y Prohijamientos como medio de transmisión de nobleza

La derrota alemana en la Primera Guerra Mundial puso fin al Imperio y la Constitución de la República de Weimar de 1919 dejó de reconocer oficialmente la nobleza y los títulos nobiliarios. No los prohibió. Sencillamente, dejó de regularlos. Pero en las relaciones privadas y sociales continuaron utilizándose ampliamente y siguieron gozando de gran consideración.
La compra y venta de títulos nobiliarios no era posible en esta época, como sigue sin serlo en la actualidad, a tenor de la vigente legislación germana.

Sin embargo, se llegó a encontrar un fundamento legal para la supervivencia y transmisión de los títulos nobiliarios en el propio Código Civil alemán. En efecto, tomando como asidero jurídico el derecho al nombre y apellidos de todo ciudadano alemán, fue elaborada una teoría según la cual, a grandes rasgos, el apellido vinculado a un título nobiliario permitía el uso y transmisión del mismo, al formar el propio título parte del mismo apellido. Por tanto, si una persona obtenía un apellido de esta naturaleza, aparentemente, podía lograr el reconocimiento legal implícito del título. Dicha teoría encontró partidarios destacados como Ludwig Enneccerus, uno de los más importantes tratadistas del Derecho civil alemán, que como Diputado en el Reichstag, participó en el proceso de elaboración del Código Civil germano de 1900, todavía en vigor.

Pero, ¿de qué manera se conseguía modificar el apellido de nacimiento para sustituirlo por el nobiliario? A través de una adopción legal. Descrito de manera sencilla, el procedimiento sería el siguiente: el Sr. A, que carece de título nobiliario, solicita al Conde B que le adopte y así el Sr. A puede usar legalmente el título y apellidos del Conde B. Tradicionalmente, las personas que han adoptado a otras, lo han hecho a cambio de elevadísimas contraprestaciones económicas, a veces desmesuradas, a las que hay que unir los honorarios de los abogados que se encargan del proceso legal, también muy onerosos.

Estas adopciones han sido muy frecuentes en Alemania. Muchos industriales, algunos de ellos famosos, consiguieron así unir sus nombres a los de ciertas estirpes nobles. Un caso notorio en su época de compra de un apellido nobiliario por adopción fue el del conocido Ministro de Asuntos Exteriores nazi, Joachim von Ribbentropp. Otro jerarca nazi aún más famoso, Herman Goering, acérrimo enemigo suyo, gustaba de comentar que Ribbentrop había comprado su apellido. Pero, más aún, llegado el momento de abonar la minuta de los abogados que habían tramitado el procedimiento legal de adopción, se había negado a hacerlo, razón por la cual los mismos abogados habían tenido que demandarle ante los tribunales por impago. Otro ejemplo sonado fue el de uno de los maridos de la antaño célebre actriz Tsa Tsa Gabor, que se había hecho adoptar por un Príncipe alemán para poder ostentar sus apellidos.

Cabe extraer dos conclusiones acerca de estas adopciones:

● Realmente, no se trata de adopciones, sino de prohijamientos.

● No se obtiene la transmisión de ninguna clase de título, ya sea nobiliario o feudal, sino solamente el derecho a ostentar un determinado apellido. De este modo, se está pagando una elevada suma (a veces astronómica), por forzar la consecución de un apellido ajeno que otorga una apariencia de nobleza, lo que supone algo muy reñido con la credibilidad.

● Precisamente estos elevados costes, que únicamente permiten el acceso a estas técnicas de muy pocas personas, han dotado a las adopciones de una aureola de lucrativo negocio que ha devaluado notablemente a los títulos nobiliarios alemanes en general y, a muchos en concreto, de modo particular.

Pese a todo, lo cierto es que todavía hoy estas adopciones continúan siendo habituales no sólo en Alemania, sino también en Holanda, Dinamarca y Suecia.

Si desea obtener más información puede consultar la sección títulos nobiliarios extranjeros o rellenar el formulario de contacto.

4.Francia: Decisiones de los Tribunales sobre Títulos Nobiliarios

La actual Constitución Francesa, de 4 de septiembre de 1958, no recoge mención alguna a los títulos nobiliarios. Siendo una República, no gozan de reconocimiento oficial por parte del Estado. Ahora bien, ello no implica que sean ilegales, ni mucho menos que se encuentren prohibidos. De manera privada, se encuentran plenamente aceptados.
Con respecto a la cuestión que se viene planteando, acerca de si pueden comprarse legalmente títulos nobiliarios franceses, la respuesta es rotundamente negativa. No cabe, en ningún caso, con fundamento legal.

Sin embargo, si bien la Constitución no contempla los títulos nobiliarios, todavía subsiste en Francia alguna legislación que no ha sido derogada y que parece reconocer implícitamente la existencia de los títulos nobiliarios:

● Un Decreto de Luis Napoleón Bonaparte de 24 de enero de 1852, que nunca ha sido derogado expresamente, acerca de los títulos nobiliarios y de su sucesión. Esta disposición ha sido alegada en 1999 en un proceso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

● El artículo 259 del Código Penal de 1810, que castigaba la usurpación de títulos nobiliarios, estuvo vigente hasta 1994.

● Una Ley fiscal de 27 de diciembre de 1968 fijó en dos mil francos los derechos de confirmación de títulos nobiliarios.

● Los Presidentes de la República Francesa han permitido el uso oficial en Francia de títulos nobiliarios extranjeros. Por ejemplo, el Mariscal Mac Mahon autorizó mediante un Decreto de 25 de septiembre de 1877 el uso oficial de un título nobiliario de la República de San Marino. En la misma línea, un Decreto de 24 de agosto de 1961 del General De Gaulle hizo lo propio con un título nobiliario español: el Ducado de Fernando Luis, concedido por Fernando VII el 7 de febrero de 1816 a D. Pedro Adrián de Montmorency y Luxemburg, Príncipe y Duque de Laval. Esta persona era un súbdito francés, Embajador de Luis XVIII en España que, además de este título, también sería nombrado Caballero de la Orden del Toisón de Oro.

Por tanto, la situación de la nobleza y de los títulos nobiliarios en Francia es ciertamente peculiar:

● La Constitución no los contempla pero tampoco los prohíbe.

● Perdura aún legislación que implícitamente los reconoce.

● El Estado no reconoce su existencia pero los protege penalmente en caso de usurpación, cobra derechos fiscales por su confirmación y los Presidentes se reservan la facultad de autorizar el uso en Francia de títulos extranjeros.

En base a esta situación, en determinados casos, existe margen para acudir a los tribunales para la reclamación y tutela de derechos históricos sobre títulos nobiliarios y feudales. Por ejemplo, el Conde de París, Enrique de Orleáns, llevó a los tribunales la disputa que mantenía con D. Luis Alfonso de Borbón sobre el Ducado de Anjou, por una presunta usurpación del mismo. Finalmente, el contencioso se resolvió favorablemente para D. Luis Alfonso de Borbón, Pretendiente legitimista de la Corona de Francia.
En definitiva, si existe un pronunciamiento de los tribunales, puede invocarse la posesión de un título nobiliario o feudal, que cumpla con todas las condiciones legales que procedan.
Respecto de la cuestión que se ha venido planteando, acerca de si es posible la compra y venta de títulos nobiliarios en Francia, la respuesta es, como en otros casos, negativa. Con base en la legalidad, no existe tal posibilidad.

Ha querido verse que a través de la compra de una antigua propiedad feudal puede adquirirse todavía hoy un título de Señor, tal como a veces se ha mantenido. Sin embargo, desde un punto de vista jurídico sólido a partir de las propias fuentes del Derecho en vigor durante el feudalismo, no parece que esto pueda ser sostenible. En efecto, las propias Ordenanzas de Blois promulgadas en 1499 por Luis XII y, confirmadas en 1579 por Enrique III, impiden esta opción.

Por consiguiente, toda posibilidad de reconocimiento de posesión y transmisión legal de títulos nobiliarios o feudales franceses ha de pasar por lo que dispongan los tribunales, que pueden aprobarlo en determinados casos. Al contrario, los actos de compraventa están totalmente fuera de lugar.

Para más información, por favor consulte nuestra sección de títulos nobiliarios extranjeros o cubra el formulario de contacto.

5.Italia: Sentencias sobre Títulos Nobiliarios Italianos

Como dato histórico relevante, podemos destacar que los Reyes de España fueron durante siglos Duques Soberanos de Milán, Reyes de Nápoles, Reyes de Sicilia, etc… Por lo que muchos títulos históricos italianos fueron concedidos por Soberanos españoles y sus poseedores formaban parte de la nobleza de los Reinos de la Corona Española.
A diferencia de España, durante el Antiguo Régimen, subsistió en Italia un régimen feudal. Un feudo constituía un territorio dotado de autonomía y creado por el Monarca, en el ámbito de la propiedad inmobiliaria de la Corona. La transmisión del feudo, a través de medios de Derecho privado, tales como la compraventa, la donación o la sucesión hereditaria, implicaba también la transmisión del título que se encontraba vinculado al feudo.

En base a este sistema, durante siglos fue habitual la compra y venta de títulos nobiliarios feudales. Serían muchos los ejemplos históricos que podrían ser citados. Baste señalar que la Baronía de Baida fue comprada por Blasco Isfar Corilles el 1 de mayo de 1588; el título de Príncipe de San Pietro resultó adquirido por Giuseppe Maria Chiarenza el 7 de enero de 1769; etc…
Esta situación se mantuvo hasta la desaparición del régimen feudal, que tuvo lugar por una Ley de 10 de agosto de 1812. Por tanto, hasta esta fecha, los títulos nobiliarios tenían un carácter feudal.

Desde 1946 Italia es una República y los títulos nobiliarios y feudales no se encuentran oficialmente reconocidos por el Estado. Acerca de la cuestión de si pueden ser comprados y vendidos directamente, a tenor de la actual legislación italiana, ha de concluirse que no resulta posible de ninguna manera.
Sin embargo, que no se encuentren reconocidos por la República, no significa ni mucho menos que se encuentren prohibidos. Han continuado gozando de gran relevancia y prestigio en al ámbito social. Pero, además, la Corte de Casación italiana (equivalente al Tribunal Supremo en España) ha reconocido a través de la Sentencia 987/1965, de 20 de mayo, que la posesión de un título nobiliario o feudal es perfectamente compatible con el derecho de todos los ciudadanos a la igualdad social, recogido en el artículo 3 de la Constitución Italiana.
A mayor abundamiento, el Derecho italiano acoge que todos los interesados pueden acudir a los tribunales para conseguir un pronunciamiento sobre sus derechos de propiedad, posesión y transmisión de títulos nobiliarios y feudales. Así lo ha declarado la Sentencia de la Corte Constitucional italiana 101/1967, de 8 de julio, al establecer la competencia de los tribunales para conocer de asuntos sobre títulos nobiliarios y feudales.

Por tanto, existe en Italia la posibilidad legal de obtener la propiedad y posesión de un título nobiliario feudal, declarada mediante la sentencia de un tribunal italiano. Es la única manera de lograrlo, con fundamento en la ley.

Desde luego, no es posible en todos los casos ni respecto de todos los títulos. Nuestro despacho, con amplia experiencia en títulos nobiliarios extranjeros y Derecho italiano, así como con despachos corresponsales y colaboradores en Italia, viene ofreciendo a sus clientes estos servicios con toda solvencia y seguridad desde hace muchos años. Si desea contactarnos, por favor cubra nuestro formulario de contacto.

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