Los Títulos Nobiliarios y el nombre y apellidos

Continuamos la entrada dedicada en nuestro blog a los títulos nobiliarios y el estado civil.

A diferencia de otros ordenamientos, el español no regula en el Código Civil el nombre y los apellidos de manera independiente. En su lugar, condiciona la atribución de los apellidos a la filiación (ex artículo 109), encomendando la reglamentación a las normas registrales civiles (artículos 53 a 62 de la Ley de Registro Civil, y 192 a 219 del Reglamento que la desarrolla).

Si el nombre y apellidos cumplen la finalidad esencial de individualizar a la persona física dentro de la comunidad jurídica, los títulos nobiliarios ahondan en dicha finalidad. En efecto, es harto frecuente que los poseedores de dignidades nobiliarias sean más conocidos por la denominación de las mismas que por sus nombres y apellidos.

Al comienzo de esta obra ofrecíamos los ejemplos del Conde Duque de Olivares, del Conde de Floridablanca, o del Conde de Romanones. Podríamos citar a modo de ejemplo otros muchos. Es indudable que el Marqués de la Ensenada es más conocido por su título que por su nombre y apellidos, Zenón de Somodevilla y Bengoechea. Otro tanto sucede con el Duque de Lerma, Francisco Gómez de Sandoval, o con el Conde de Aranda, Pedro Pablo Abarca de Bolea.

Francisco Gómez de Sandoval, Duque de Lerma, valido de Felipe III

No se trata de una particularidad española. Su título de Duque de Wellington goza de mucha más notoriedad que su nombre de Arthur Wellesley, como ocurre con el Príncipe de Condé en Francia, el Conde de Cavour en Italia, el Príncipe de Metternich en Austria, el Marqués de Pombal en Portugal, etc…

Al contrario, a veces es el nombre y apellidos quienes se imponen en la fama de las personas en lugar de sus títulos nobiliarios: Álvaro de Bazán (Marqués de Santa Cruz), Ambrosio Spínola (Marqués de los Balbases), Tomás de Zumalacárregui (Conde de Zumalacárregui), etc…

La jurisprudencia del Tribunal Supremo ha aludido a esta función de complemento que los títulos nobiliarios prestan sobre la identificación personal de sus beneficiarios, destacándolo en una Sentencia de 1 de julio de 1972, al tiempo que encuadraba los títulos en el ámbito de los derechos de la personalidad. En conclusión, a nuestro juicio, no reviste duda alguna la condición de los títulos nobiliarios de derechos pertenecientes a la esfera de la personalidad. Otro argumento a favor de esta tesis, es la regulación que se contiene en la legislación registral civil sobre los títulos nobiliarios, unidos al nombre y apellidos de manera indisociable, lo que constituye una manifestación elocuente de la naturaleza de derecho de la personalidad.

Nuestro despacho se encuentra especializado en la tramitación de títulos nobiliarios.

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