Los Vizcondados Previos

Una cuestión de nuestro Derecho nobiliario es la constituida por los títulos nobiliarios denominados Vizcondados previos y su subsistencia jurídica en la actualidad. A ello dedicados esta entrada de nuestro blog.

Desde hace siglos y a lo largo de su historia, la concesión de títulos nobiliarios ha estado y lo está en la actualidad, sujeta a diferentes obligaciones fiscales establecidas por el Estado como un capítulo más de obtención de ingresos públicos.

Sendas reales cédulas de Felipe IV de 18 de agosto de 1631 y de 10 de diciembre de 1632 crearon el Impuesto sobre Lanzas y Media Annata, uno de cuyos hechos imponibles era precisamente cualquier tipo de honores y mercedes. Pues bien, una Real Cédula de 15 de octubre de 1631, a la que posteriormente se uniría otra de 3 de julio de 1664, dio un paso más e impuso que en lo sucesivo sería imposible la concesión de un título de Conde o de Marqués sin la previa de otro de Vizconde. Tras el despacho del principal, el antecedente vizcondal quedaba inmediatamente cancelado.

Al igual que sucedía con el título principal de Conde o de Marqués, el beneficiario solía escoger una denominación para el Vizcondado, igual o diferente que la del principal. Tras satisfacer los tributos correspondientes, la merced de Vizconde quedaba cancelada, normalmente cortándose o rasgándose con tijeras la carta concesional, habitualmente incorporada al expediente del título principal. Por citar unos pocos de los muchos ejemplos cabría señalar el Vizcondado previo de Sierrabrava (1627), que daría lugar al Condado de la Roca (1628), el de Colmenar (1630), al Marquesado de Miranda de Auta (1632), o el de Montalvo de Camero Viejo (1632), al del Condado del mismo nombre y en el mismo año.

Esta obligación de obtener el Vizcondado previo y satisfacer sus derechos fiscales perduró hasta que fue derogada por Isabel II mediante un Real Decreto de 1 octubre de 1858.

Pedro Salaverría, Ministro de Hacienda del Gobierno del general O’Donnell que promulgó el Real Decreto de 1 de octubre de 1858

A pesar de su no ya corta sino efímera vida jurídica, algunos títulos escaparon de esta consideración accesoria y cobraron vida autónoma como títulos principales, como el Vizcondado de Puebla de los Infantes, instituido en 1654 y elevado por Felipe V a Marquesado con idéntica denominación en 1716. O, incluso, el caso de los Vizcondados previos que fueron rehabilitados durante el siglo XIX, como el de Bahía Honda de la Real Fidelidad, que lo fue en 1856, cuando había sido el título previo al Condado de Zaldívar, creado por Carlos IV en 1798.

Estas rehabilitaciones fueron, no obstante, más bien excepcionales, debido en gran medida al carácter reciente en aquellos años de la rehabilitación. En efecto, cuando en virtud del Real Decreto de 28 de diciembre de 1846 y la Instrucción de 14 de febrero de 1847, se creó la figura de la caducidad de los títulos, de la cual nació la antes desconocida institución nobiliaria de la rehabilitación, se planteó la cuestión de si los Vizcondados previos eran susceptibles de tal rehabilitación. En el momento de abono de los derechos fiscales el título de Vizconde no incurría en caducidad sino que era cancelado en el acto, por lo que no cabía el recurso a la rehabilitación. Sin embargo, la polémica no prosperó porque el mencionado Real Decreto de 1 de octubre de 1858 prohibió expresamente la rehabilitación de los Vizcondados previos. Esta imposibilidad fue reiterada en el Preámbulo del Real Decreto de 8 de julio de 1922 y se mantiene en la actualidad, en la que este debate ya ha perdido su importancia. Pero una disposición aprobada al rebufo de la mencionada de 1858, el Real Decreto de 4 de diciembre de 1864, autorizó el alzamiento de la caducidad de los Vizcondados previos concurriendo determinados requisitos, lo que contribuyó no poco a añadir una mayor confusión y agudizar esta problemática.

Nuestro despacho se encuentra especializado en la rehabilitación de títulos nobiliarios.

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