Dedicaremos a nuestro blog una serie de entradas en las que trataremos de la cuestión de los títulos nobiliarios pontificios, es decir, los otorgados por la Santa Sede. Comenzaremos con una introducción histórica y jurídica que abordará los fundamentos de su concesión, para finalizar con las particularidades de su régimen jurídico y su consideración por el Derecho nobiliario español.

Generalidades y fundamento de su concesión.– El 27 de febrero del año 380 el Emperador Teodosio I el Grande publicó el Edicto de Tesalónica, en el que declaraba la religión católica como única del Imperio, suprimiendo el culto tradicional politeísta que había regido en la sociedad romana ad urbe condita.

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente el año 476 y las invasiones bárbaras, las relaciones entre la Iglesia y el Imperio oriental fueron deteriorándose progresivamente. El Papa Esteban III (752-759), demandó ayuda del Emperador bizantino Constantino V ante la invasión de los lombardos, que amenazaba la ciudad de Roma, pero éste se negó a prestarle auxilio. El Pontífice se dirigió entonces a Pipino III el Breve, Rey de los francos, quien se ofreció a enviar sus fuerzas militares. En una rápida campaña, el ejército franco derrotó al lombardo, mandado por su Rey Astolfo, forzándole a levantar el sitio de Roma. Tras su victoria, Pipino entregó los territorios y el poder sobre las regiones de las Marcas y la Romaña al Papa, en lugar de devolverlas a la soberanía bizantina a la que se encontraban sometidas antes de su conquista por los lombardos. Poco después, pese a las tensiones con el Emperador Constantino V, hizo lo propio con los territorios de las antiguas gobernaciones bizantinas de Rávena y Pentápolis.

De este modo, los Papas pasaron a ejercer el dominio temporal de unos estados, que vendrían a denominarse pontificios o papales, hasta la Unificación de Italia.

En 1870 las tropas francesas permanecían guarnecidas en los Estados Pontificios, dando protección a los mismos, hasta que Napoleón III, necesitado de soldados en su guerra contra Prusia, ordenó el regreso a Francia de estos efectivos militares. Esta circunstancia, unida al decisivo revés galo en la batalla de Sedán, impulsó definitivamente a Víctor Manuel II de Italia a ambicionar la anexión de los Estados Pontificios. El Monarca italiano dirigió una misiva al Pontífice Pío IX en la que solicitaba que le permitiese garantizar su integridad territorial autorizando la entrada de las fuerzas italianas. Pío IX se negó en redondo. Los acontecimientos no tardaron en precipitarse.

El 11 de septiembre de 1870 el ejército italiano comenzó la invasión de los Estados Pontificios y avanzó hacia Roma, alcanzando la ciudad el 19. Al día siguiente, tras un corto combate y una simbólica resistencia de las tropas pontificias, los italianos penetraron en Roma, a la que en breve convertirían en capital del nuevo Reino.

Fotografía tomada el 11 de febrero de 1929, con ocasión de la firma de los Acuerdos de Letrán. En primer término, sentados, el Cardenal Pietro Gasparri, Secretario de Estado Vaticano, y Benito Mussolini, entonces Jefe del Gobierno italianoEl 13 de mayo de 1871 fue promulgada en Italia la denominada Ley de Garantías, que regulaba las relaciones entre el Reino de Italia y la Santa Sede. Se establecían varios supuestos en los que se daba a la Santa Sede el estatus de sujeto de Derecho internacional público. Así, se reconocían, entre otros, su derecho de legación activa y pasiva, la inviolabilidad y extraterritorialidad de sus inmuebles oficiales, o el mantenimiento de cuerpos militares para la defensa. No obstante, Pío IX se negó en todo momento a aceptar la vigencia y acatamiento de esta norma, así como la soberanía de la Casa de Saboya, declarándose prisionero en Roma.

Tendría lugar un largo período de tensas relaciones políticas hasta los Acuerdos de Letrán de 11 de febrero de 1929, reinando ya en Italia Víctor Manuel III y con Benito Mussolini en el gobierno, así como siendo Pontífice Pío XI. Desde estos Acuerdos de Letrán, ha quedado perfectamente delimitado el carácter de sujeto soberano de Derecho Internacional Público de la Iglesia Católica. Tal dispone el artículo III del tratado político al señalar que Italia reconoce a la Santa Sede la plena propiedad, el poder exclusivo y la plena jurisdicción sobre el Vaticano, tal como actualmente está constituido con todas sus dependencias y dotaciones, creando de este modo la Ciudad del Vaticano para los fines especiales y con las modalidades que contiene el presente tratado.

Así, una de las tradicionales manifestaciones del ejercicio de facultades soberanas por parte de los Pontífices Romanos fue, al igual que los Monarcas de los diferentes estados, la concesión de títulos y dignidades nobiliarias, como una de las diferencias manifestaciones de un sistema premial propio y específico. Dicha práctica fue habitual hasta su abolición durante el Pontificado de Pablo VI (1963-1978), durante el cual fue igualmente suprimida la Guardia Noble Pontificia.

Nuestro despacho se encuentra especializado en los trámites relacionados con los títulos nobiliarios pontificios.

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